Zityzens Madrid

El campo de Golf Anti-sistema de Pozuelo de Alarcón.

Los jubilados que convirtieron una escombrera en un campo de golf en Madrid.

A medio camino entre Aravaca y Pozuelo, a un costado de la M503, ya avistamos desde nuestro carsharing lo que a simple vista parece un descampado, uno de los terrenos con la historia más curiosa de la capital. Se trata de un campo de golf en Madrid autogestionado, diseñado, mantenido y utilizado por un grupo de jubilados que decidieron que el golf no puede (ni debe) ser cosa de una minoría.

Es sábado por la tarde y nos acercamos hasta el Club de Golf Pozuelo, su nombre oficial. Nada más llegar nos fijamos en un señor de unos setenta, palo de golf en mano. Nos acercamos y le preguntamos si suele venir a jugar aquí. “Hombre, ¡como que fui uno de los fundadores!”, responde orgulloso. Se llama Florentino “pero no el de los millones, ¿eh?”, aclara entre risas. Según nos cuenta, allá por finales de los 80, él y su grupo de amigos estaban bastante hartos de que para poder jugar a golf hubiese que pagar un dineral en clubes exclusivos. Así que decidieron montarse su propio campo en la Casa de Campo. Sin embargo, chocaron contra el ayuntamiento, que les prohibió jugar allí.

El consistorio les hizo desistir del lugar, pero no de la idea. Sus ganas eran más fuertes que la burocracia, así que siguieron buscando dónde ubicar su campo de golf en Madrid “antisistema”. Como algunos vivían en Aravaca, se fijaron en unos terrenos que estaban llenos de basura y de maleza cerca de la autopista. Aquello era una auténtica escombrera, abandonada por los poderes públicos. Había de todo, electrodomésticos, sofás, basura… pero para sus ojos era perfecto. Se organizaron para limpiarlo todo y cortar las malas hierbas, y después de mucho trabajo aquel baldío ya no era un vertedero. Entonces, ellos mismos diseñaron el campo desde cero. Iban probando recorridos con el método de prueba y error. Así hasta conseguir la configuración actual de 9 hoyos y 21 salidas.

campo de golf en madrid

Continuamos con la visita y nos encontramos un grupo de señoras jugando. “El acceso al campo es libre para cualquiera, solo pedimos que la gente respete el espacio y lo deje tal y como lo encontró”, nos cuenta una de ellas. Este club de golf en Madrid atípico cuenta con unos 80 socios, la mayoría jubilados, que pagan una pequeña cuota mensual y se encargan de que todo esté en orden. Últimamente han tenido problemas con grupos de chavales que van a hacer botellón los fines de semana y cuando llegan se lo encuentran todo lleno de botellas rotas y destrozado. “Hasta los banderines nos rompen”, nos dice otra.

La realidad es que el beneficio que ha supuesto este campo para la zona es enorme. No solo han recuperado un espacio que estaba completamente dejado y que ahora disfrutan runners y ciclistas, sino que hasta han vuelto animalillos de la zona, como los conejos. Más allá del mérito que tiene algo así en un entorno de carreteras y urbanizaciones, el verdadero reconocimiento llegó en 1994, cuando la Real Federación Española de Golf le otorgó el estatus de campo oficial, catalogado como “rústico”.

Nos despedimos de nuestros nuevos amigos con la promesa de que volveremos otro día para aprender al menos a darle a la bola. Arrancamos entonces el carsharing de Zity de vuelta a la capital con la fe en la humanidad un poquito restaurada gracias a este campo de golf en Madrid.