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Qué hay detrás del telón del Teatro Real de Madrid; la mejor ópera del mundo

“Me cruzo con el fantasma de la ópera todos los días, tomamos café juntos”, se trata del tramoyista Jesús Garnelo, Jefe de Mecánica Escénica del Teatro Real de Madrid.

El pasado mes de mayo saltó la sorpresa y como no Zity, el carsharing de Madrid, se tenía que enterar. Los International Opera Awards otorgaban el premio a la mejor ópera del mundo al Teatro Real de Madrid. Un golpe encima de la mesa a ese complejito patrio que siempre piensa que lo de fuera es mejor. Pues no. Ni Londres, ni Sidney, ni Milán ni Nueva York. El mejor teatro de ópera está aquí.

Los responsables de este reconocimiento son muchos, no se trata de algo casual. Desde que el Real reabrió en 1997, las cosas se han hecho bien. Muy bien. Una de esas cosas es la llamada mecánica escénica. Es decir, toda la ingeniería que hace falta para darle vida a una producción. El responsable máximo de ello es Jesús Garnelo, de 54 años, que lleva los últimos 24 trabajando en las entrañas del Real. Nadie conoce como él los secretos del inmenso autómata que es la caja escénica de este teatro.

Teatro Real de Madrid

Pensemos en sus dimensiones. Lo que nosotros vemos sentados en el patio de butacas es una boca de 18 por 14 metros, una pequeña parte. Por debajo, hay un foso de otros 24 metros, y por arriba otros 37 metros de los que cuelgan hasta 64 varas (unas perchas gigantes que suben y bajan con elementos del decorado). Literalmente se trata de un gigantesco agujero en el que cabría la torre del primer rascacielos que hubo en España, el edificio Telefónica de Gran Vía.

La persona al mando de todo lo que pasa ahí, “Mi reino”, como dice él, Jesús. “Nunca hemos tenido que suspender una obra por un problema técnico”, nos cuenta orgulloso. No es para menos.

Charlamos con él en la cantina del Real. Es una persona tranquila, amable, con su camiseta y su pantalón de faena, aunque a su cargo haya un equipo de 21 especialistas. Le preguntamos por los nervios de un estreno. “Yo solo soy un técnico, eso se lo dejo a los creativos”, nos dice humilde. Sin embargo, de su cabeza y sus manos han salido soluciones prodigiosas, como cuando inventó una máquina para montar una coreografía con enormes planchas de metal sobre el escenario del Teatro Real de Madrid.

“Todos los días me piden cosas casi imposibles”, explica. Una vez le pidieron abrir un edificio de diez metros de alto por la mitad en cinco segundos con actores encima. “Hay veces que la propia física y el sentido común te ponen los límites”, añade.

Que la mecánica de la escenografía ayuda a dar vida a la obra es innegable, pero es que hay veces que hasta saca lo mejor de los intérpretes. Jesús aún recuerda cuando en la obra Sansón y Dalila, con Plácido Domingo haciendo de Sansón, el director de escenografía no estaba contento con una reacción del coro. “Tenían que gritar con pánico cuando Sansón derribaba las columnas, pero no lo hacían a su gusto. En uno de los ensayos la máquina que tiraba las columnas se aceleró y las columnas cayeron más rápido de lo normal. El coro se asustó y gritó de verdad, entonces el director exclamó, ¡Así es como tenéis que gritar!”, nos cuenta riendo.

teatro real de madrid

Jesús que maneja cada día cientos de toneladas de materiales, plataformas inmensas, decorados imposibles, salas de motores, varas, cables de acero… pero vas paseando por él por los pasillos del Real y todo el mundo le quiere y le conoce. Su reino está donde nadie puede entrar, donde habitaba el famoso fantasma de la ópera de la obra de Gaston Leroux. Le preguntamos si lo ha visto alguna vez. Se ríe y nos dice que todos los días, que toman el café juntos. Y sinceramente a nosotros no nos extraña nada, porque ha sido tal placer recorrer las tripas del Real con él, que haríamos lo mismo que el fantasma.

No dudes en coger el carsharing de Zity y visitar el maravilloso Teatro Real de Madrid y sus secretos. Si no quieres que te quiten tu Zity cuando salgas del Real, ya sabes, activa la tarifa stand by.